Las energías que todos ponen en sus comunidades son realmente notables; a veces sentimos que se nos pide mucho, incluso en medio de incomprensiones y poco reconocimiento; pero no podemos olvidar que el Señor nos agradecerá mucho el haber cuidado con amor a un pequeño rebaño que no nos pertenece.
«Los esfuerzos y las incomprensiones, sin embargo, pueden ser también ocasión de reflexión sobre los desafíos pastorales que debemos afrontar. En particular, en lo que respecta a la relación entre iniciación cristiana y evangelización, necesitamos un claro cambio de rumbo; en efecto, la pastoral ordinaria está estructurada según un modelo clásico que se preocupa, ante todo, por garantizar la administración de los sacramentos. Pero tal modelo presupone que la fe es transmitida también por el ambiente circundante, tanto por la sociedad como por el entorno familiar. Por ello, es urgente volver a anunciar el Evangelio: esta es la prioridad. Con humildad, pero sin dejarnos desanimar, debemos reconocer que parte de nuestro pueblo bautizado no experimenta su pertenencia a la Iglesia, lo cual nos invita a vigilar sobre una ‘sacramentalización’ sin otras formas de evangelización. En este contexto, la iniciación cristiana necesita ser revisada: es necesario experimentar otras modalidades de transmisión de la fe, fuera de los caminos clásicos, para intentar involucrar de manera nueva a los niños, a los jóvenes y a las familias» [54].
En esa perspectiva, dos hermanos me hablaban de la iniciativa misionera en su parroquia con ocasión del aniversario.
Otro, con la buena excusa de las fiestas patronales, celebra la novena en medio de las casas donde la gente se reúne fácilmente.
Otro se reúne a orar en la peluquería del pueblo.
Estoy seguro de que cada uno de nosotros podría hacer un listado de iniciativas que lleva a cabo en su propio lugar de misión, teniendo en cuenta siempre las coordenadas culturales.
Para muchas personas, esa es la única posibilidad de encuentro con los oblatos y con el Señor Jesús, lo que siempre significa un momento de alegría.
Cualquier ocasión es buena para que la creatividad pastoral se renueve y salga al encuentro de quien no se siente vinculado -por las razones que fueren- con la comunidad cristiana.
La evangelización, la nueva evangelización y la catequesis son modos diversos de anunciar el Evangelio y, por lo tanto, exigen métodos diversos [55].
El error que más habitualmente cometemos, particularmente en Iglesias de larga cristiandad, es aplicar métodos catequísticos donde claramente se necesita una pedagogía más ligada a la evangelización.
Y es en esa perspectiva que no podemos perder de vista las diversas formas de agrupación no estrictamente parroquiales o católicas, donde sin embargo podemos converger con muchas familias y tantísimos jóvenes: el club y el mundo deportivo, la cultura y el arte, la política y los derechos humanos, el maravilloso y complejo universo educativo, las agrupaciones laborales, los centros de recuperación de adicciones y consumos problemáticos, etc.
Cuando antes hablábamos de tecnologías y digitalidad nos referíamos a los aspectos personales, pues nos valemos de ellas para crear comunión y encuentro.
Aunque el desarrollo y actualización constantes hace que para muchos se torne difícil encontrar impostaciones pastorales que perduren en el tiempo, desde el punto de vista de la evangelización, este campo es realmente enorme y hermoso.
También aquí es importante no equivocar el método, de modo que la fugacidad del ecosistema digital no conspire contra la belleza perdurable del evangelio anunciado en plataformas virtuales.
Para concluir con este acento, quiero mencionar algo muy sabido y experimentado por muchos: y es que en el presente ya no podemos hablar más de tierras de misión con el sentido que esta expresión tenía en el pasado.
Cualquier nación, en especial las de antigua cristiandad, es hoy tierra de misión.
Sin embargo, en las regiones pobres y castigadas por las violencias, el evangelio y el evangelizador son caricias de Dios para el pueblo cuya vida está siempre bajo amenaza.
Es el caso de la Iglesia en Nigeria, una comunidad mártir y perseguida, cuya cantidad de vitalidad y entrega gozosa sigue siendo mayor que la violencia que regularmente se desata contra ella.
Y es por eso mismo que, como muchos me vienen escuchando hace tiempo, sigo insistiendo con la invitación a seguir creciendo en el continente africano en dirección a la región francófona, además de buscar nuevas estrategias para retornar a la India.
Son locuras o ambiciones mías tal vez, o casi seguro que sí lo son.
Soy muy consciente de la escasez de recursos y de las prevenciones respecto a nuevos horizontes.
Sé también que los espíritus suelen inquietársenos cada vez que somos invitados a ponernos en movimiento hacia lo que no manejamos o no podemos controlar del todo.
Sin embargo, sigo dejando la invitación abierta.