Tal vez pueda resultarnos enriquecedor comprender qué Iglesia tiene ante sus ojos el pontífice para que el texto del Breve describa la realidad y al papa mismo caminando sobre las aguas.
Es una tarea que, obviamente, dejamos a los historiadores, quienes nos han ayudado y continuarán haciéndolo para que podamos acercarnos cada vez más al contexto histórico en el que nuestra pequeña comunidad daba sus primeros pasos.
Sin embargo, lo que sí importa hoy es dejarnos interpelar nuevamente por la imagen con la que el texto ilumina la vida, para así comprenderla mejor.
Porque, como dijimos, nuestra fidelidad se juega en este tiempo, en estas coordenadas geográficas y en profunda cercanía a la humanidad que las transita construyendo su propia historia.
La narración bíblica del Evangelio de Mateo es una bella imagen de la fe del apóstol Pedro.
En la voz de Jesús que le dice: «¡Ven!», él reconoce el eco del primer encuentro en la orilla de ese mismo lago y, una vez más, deja la barca y va hacia el Maestro.
¡Y camina sobre las aguas! La respuesta confiada y rápida a la llamada del Señor nos hace realizar siempre cosas extraordinarias.
Pero Pedro comienza a hundirse en el momento en que deja de mirar a Jesús y se deja envolver por las adversidades que lo rodean.
De forma similar a la de Pedro es la fe de la comunidad lanteriana: siempre frágil y pobre, inquieta y victoriosa; la fe de los oblatos sigue caminando al encuentro del Señor resucitado, en medio de las tormentas y los peligros del mundo.
¿Podemos enunciar y describir las tormentas que castigaron a nuestra pequeña barca con peligro de hundirla?
No me refiero tanto a los pecados por los que pediremos perdón, sino a los sufrimientos que, en solidaridad con la Madre Iglesia, también nuestra comunidad debió aceptar.
¿Cuáles fueron?
Desde tu entrada a la congregación, ¿qué adversidades han venido golpeando a la comunidad?
¿Cómo las enfrentó la comunidad y cómo lo hiciste tú personalmente?
Más adelante podremos leer un breve testimonio sobre una situación puntual que seguramente será esclarecedor.
Es posible que los hermanos, en idénticas tormentas, hayan ofrecido respuestas distintas y hasta contradictorias; incluso experimentaron tal vez incertidumbre y desconfianza en la capacidad de la barca para evitar el naufragio.
Algunos, aun sin bajarse de ella, se mantuvieron a una distancia lo suficientemente «prudente» como para evitarse el cansancio de remar con viento en contra y la desesperación común cuando todo parecía llegar a su fin.