Ser silencio donado
Ser pesebre, ser silencio donado.
Pobre, carente de hermosura y de arreglos.
Simple, cálido en la medida que se deja habitar.
Recibe al pequeño Niño Jesús.
Recibe a todos los pequeños también rechazados de esta humanidad egoísta.
Recibe a aquellos pequeñitos cuyas vidas no son deseadas.
En nuestro pesebre los cobijamos, abrazamos, consolamos y amamos como lo hicieron María y José.
Con nuestra pobreza queremos ser bondadosos con cada vida inocente maltratada.
Unidos, en comunión, sin entender cómo puede ser que una Virgen dé a luz.
En esa pobreza somos humildes pesebres todo el tiempo que Él quiera.
Madre hermosa, Madre nuestra, tómanos de la mano y enséñanos a ser pesebre, a ser amparo de los olvidados, de los no mirados.
Que nuestra mirada, nuestro corazón estén fijos en el corazón de tu Hijo.
Que seamos humildes, compasivos.
Que seamos el pesebre austero y auténtico de tus hijos olvidados.
Acá estamos, nuestro Señor y Salvador, para hacer tu voluntad.
Pobres, frágiles pero acá estamos Señor.



